Posición uruguaya acerca al Reino Unido y Argentina ante un problema común

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La reciente gira que el Presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, realizó a China en el marco del “Acuerdo Estratégico” celebrado entre ambos países, aceleró el proyecto que incluirá la construcción de un puerto al oeste de Montevideo con una inversión inicial de unos USD 200 millones por parte del Shandong Broma Fishery Group Co.Ltd.

Según informó el diario La República de Montevideo, fuentes de la Cancillería uruguaya dijeron que la empresa China  “se encuentra en las tratativas finales para la compra de un terreno de 28 hectáreas” al oeste de Montevideo.
El proyecto incluye la reparación de barcos de pesca de alta mar, el abastecimiento de todos los recursos necesarios para el funcionamiento de las naves y sus tripulaciones, y la construcción de una planta para el depósito, congelado y en un futuro, el procesamiento de los productos de alta mar, así como la producción de harina de pescado.

¿Por qué Uruguay?

Según describe La República en su artículo, en la actualidad hay 164 empresas que se dedican a la pesca de alta mar en China, y que cuentan con más de 3.000 barcos distribuidos en unos 30 países y en aguas internacionales, como los océanos Atlántico, Índico y Pacífico.

Esas empresas chinas se dedican mayormente a la captura y a la producción como actividad principal, pero están desprovistas de una base terrestre de pesca fuera del país. Esto hace que dependan de compañías extranjeras para la reparación de sus barcos pesqueros, el aprovisionamiento y suministro, y la elaboración y la preparación de las capturas, lo que se traduce en pérdidas de eficiencia y en los beneficios. De esta forma,  sus costos de producción se incrementan y se les hace más difícil afrontar los desafíos en el desarrollo de la industrialización de la pesca internacional.

A fin de satisfacer las necesidades de la pesca en alta mar, ampliar la cadena de producción, disminuir los costos que implica la navegación de ida y vuelta entre China y las zonas de pesca en el Atlántico oeste y Pacífico este, bajar la costes de producción e incrementar la eficiencia, y luego de muchos estudios e investigaciones, Shandong Broma Fishery Group Co. Ltd. decidió fundar una base pesquera especial para naves de alta mar en Uruguay.

En abril de este año, el principal de la firma Jiang Hongiun, dijo a La República que el “objetivo principal es construir una base logística para la reparación, mantenimiento y suministro de recursos materiales para flotas pesqueras del Atlántico Sur”.
El empresario explicó que “hay gran cantidad de barcos pesqueros trabajando en el Atlántico sur, y cada dos años deben regresar a China para ser reparados por completo, eso es muy costoso. Por eso es necesario construir en un país de la región un puerto que sirva de base de pesquería y que esté preparado para la reparación de los barcos, el congelamiento de los productos del mar y su depósito”.
Por este motivo, la empresa resolvió elegir Uruguay “para convertirlo en una base de reparación y suministro de recursos materiales para todos esos barcos de China, de Taiwán y otros países que pescan en Atlántico sur”.
“Conocemos el país porque estuvimos varias veces por nuestros negocios y después de evaluarlo, lo consideramos el lugar más propicio para construir el puerto. Por eso decidimos invertir en el país”, agregó.

¿En qué afecta esto a los intereses de la Argentina y el Reino Unido?

La flota china mencionada opera teóricamente en aguas internacionales, lo que hace que su actividad sea legal bajo las leyes vigentes.

Toda captura no regulada por fuera de la zona económica exclusiva, también denominada mar patrimonial -200 millas marinas (370,4 km)- de la Argentina, y por fuera de las 200 millas del territorio no autónomo administrado por el Reino Unido en las Malvinas, en la práctica significa que es imposible regular la presión pesquera sobre especies migratorias, como es el caso del calamar Illex, o especies que actualmente cuentan con estrictas regulaciones para su captura, como es el caso de la merluza negra (Patagonian toothfish)o la merluza austral, que son especies de mucho valor comercial y en peligro de ser sobreexplotadas.

Por otra parte, toda esta actividad por fuera de las millas 200 de un país en la práctica significa que aquellos buques pesqueros que siguen algún cardumen, en un determinado momento ingresarán dentro de  la ZEE, cosa que  ya ha ocurrido en el pasado y con cierta frecuencia. Para ello, los buques  chinos cuentan con apoyo satelital e incluso un plan de emergencia para “sacrificar” alguno de los buques en caso de ser detectados: generalmente es el de mayor antigüedad, menor valor o que tenga al momento de ser detectados la menor cantidad de pescado en sus bodegas.

Esto afecta en forma directa, en primera medida,  los objetivos de la administración de las Malvinas para vender licencias a buques extranjeros, dado que  estos encontrarán menos recursos y deberán competir con buques que operan con costos mucho más bajos y sin ningún tipo de regulación.

Quizás este problema sea el detonante para la apertura de diálogo entre el gobierno argentino y las autoridades de las Islas, que tienen ante sus narices una realidad que puede cambiar completamente el escenario pesquera en la región del Atlántico sur.

Por Andrés Loubet Jambert
Presidente y Cofundador de FIS – Fish Information & Services

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