Inquietud en la milla 201, donde pescan pota una veintena de barcos gallegos

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Todos los países tienen una milla 201 -que marca el fin del mar propio y el inicio de las aguas internacionales-, pero ninguna tan conflictiva como la de Argentina. Un fallo en uno de los GPS, justo el que empleaba el patrón de pesca para tener presente la frontera de las 200 millas de zona económica exclusiva (ZEE), acabó con el apresamiento del pesquero gallego Playa Pesmar Uno, de la sociedad Pesquerías Marinenses, de Marín, por adentrarse apenas medio kilómetro en aguas argentinas. Y todo por una desviación «ya no de grados, sino de segundos de grado» que confundieron al que estaba a los mandos del arrastrero, explicó Javier Touza, presidente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi).

El Playa Pesmar Uno es una de la veintena de embarcaciones adscritas a la entidad que hacen equilibrios al borde de la frontera marítima argentina para pescar calamar. Barcos que ahora siguen con atención la suerte del arrastrero de Marín a la vez que extreman la cautela y la prudencia en un área en la que se trabaja en tensión. Tensión por la competencia, dado que en esa zona trabajan casi a codazos unas 300 o 400 embarcaciones, de muchas y muy diferentes banderas, pero principalmente asiáticas, cada una buscando espacio. Tensión por no introducirse ni un cuarto de milla en las aguas exclusivas. Y tensión por la presencia de patrullas argentinas reclamando a los pesqueros que se identifiquen. «Se trabaja en condiciones muy estresantes», explica Touza, cuya armadora también tiene barcos en el límite de las aguas argentinas.


La pota (Illex argentinus) es uno de los cefalópodos más abundantes en el Atlántico Sudoccidental. Y las mayores concentraciones se dan en la plataforma y el talud continental argentino. Nace pegado a la costa y va creciendo dentro de las aguas del país andino, pero a medida que madura se dirige a aguas profundas, abandona las 200 millas argentinas y se adentra en aguas internacionales. Allí lo espera la flota extranjera, que dispone de solo tres meses, que es lo que dura la zafra, para capturarlo, lo que le añade otro grado a la tensión.

Toda una cohorte de embarcaciones cuyas luces -que se emplean para atraer al calamar en horas nocturnas- son apreciables desde el espacio, como lo demuestran fotografías facilitadas por la NASA.

Argentina y los argentinos consideran suyo el calamar, por más que nade ya en aguas internacionales cuando cae en las redes de los arrastreros gallegos. Y más resquemor causa que muchos de esos barcos actúen con licencias de las islas Malvinas, que la UE considera como parte de su territorio a pesar de la disputa por su soberanía. Si a esos se suma la actuación de barcos asiáticos, algunos de dudosa operativa legal, la polémica está servida. «Hay una fuerte presión por parte de la opinión pública para que las autoridades actúen con contundencia para proteger los recursos», señala Alberto Penelas, abogado de la armadora del Playa Pesmar Uno. De ahí que sea «tan duro» negociar con Argentina, explica Penelas, ya curtido en tres apresamientos anteriores.

Por E. ABUÍN / LA VOZ | lavozdegalicia.es